Blog de Juan Miguel

Cosas de aquí y allí


Deja un comentario

Digitalización y bienestar social

¿Podemos conseguir que la revolución digital mejore el bienestar de todos?

La transformación digital que experimenta nuestro mundo no deja de provocarnos sobresaltos. A veces nos hace creer que el mundo será mucho mejor gracias a las posibilidades que ofrece y a veces nos hace creer que los beneficios lo recogerán solo unos pocos y que el resto serán grandes perjudicados en este proceso. La verdad es que ambas cosas pueden ocurrir y lo que ocurra dependerá de lo que colectivamente seamos capaces de hacer. A fin de cuentas, la tecnología en la que se sustenta es solo un instrumento. Del uso que hagamos de dicho instrumento dependerá su impacto. Pero, ¿es posible decidir colectivamente el uso que se hace de la tecnología?

Hasta ahora parece que no. El instrumento ha tenido vida propia y ha sido una “mano invisible” la que ha guiado su desarrollo y su uso. Hemos vivido en un mundo en el que la regla que ha imperado ha sido la de todo lo que era posible tecnológicamente también era deseable social y económicamente. Ha primado la voluntad de impulsar la innovación sobre la voluntad de garantizar derechos y libertades tradicionales. Hemos querido ver las posibilidades por encima de las amenazas. Hemos confiado en que una vez desarrollada la tecnología, seríamos capaces de acotar su uso. Puede que no nos hallamos equivocado o puede que sí.

Nadie, o muy pocos, pone en cuestión las posibilidades de la transformación digital para mejorar la vida de todos. Pero no hablamos de posibilidades, sino de realidades. ¿Qué está ocurriendo? ¿Se están convirtiendo estas promesas en realidades? ¿Avanzan al ritmo adecuado? En todo caso, ¿qué tendríamos que hacer para acelerar este proceso?

En el ámbito privado, la adopción de las tecnologías y la transformación digital se está acelerando. De manera desigual, pero sin descanso. Con toda seguridad, allí donde exista una posible aplicación de las nuevas tecnologías para crear nuevos servicios o productos que generen un beneficio económico particular, existirá alguien con la capacidad y la voluntad de aprovecharlo. Y si es posible acelerar este proceso desde lo público habría que que hacerlo. Crear las condiciones para que existan personas con la capacidad y las competencias necesarias para ello, y garantizar que existan las infraestructuras requeridas para facilitar el proceso es una obligación de cualquier sociedad.

Pero qué ocurre en aquellos otros ámbitos donde el beneficio económico particular no está tan claro. ¿Cómo conseguir que también se desarrollen proyectos de interés social o interés global en estos casos? ¿Quién debe impulsarlo y como? Porque lo que es cierto es que el acelerado proceso de transformación digital que se está produciendo en el mundo privado no está siendo tan rápido en el mundo de lo público. Y cambiar esta situación requerirá no solo del paso del tiempo, sino también de una acción pública decidida para aprovechar la ventajas de la transformación digital también en el mundo de lo público.

 

Anuncios